Trampas

Sous le ciel de Paris. Juliette Gréco, Alain Goraguer.

Trampas. Sin intención. Pero peligrosas.

La casa está llena de ellas cuando tienes niños. Sobre todo si les concedes cierta libertad para jugar y divertirse.

Las trampas no están dirigidas contra nadie. Simplemente están ahí. Son objetos olvidados. Juguetes en stand-by (a veces durante demasiado tiempo).

Son espontáneas.

Muchas veces con nocturnidad. Pero sin alevosía.

En ese caso las perciben primero los pies. Y una ahoga el grito y a continuación susurra un «la madre que los parió» (aunque se trate de una misma).

Pero a veces sucede todo a plena luz del día.

(Y ahora cuento lo que quiero contar. Lo que me hace romper este silencio estival).

Las trampas te pillan desprevenida. Distraída. En un segundo cualquier objeto aparece en el lugar menos oportuno.

Y sucede.

Porque hoy me he sentado sobre la Torre Eiffel.

Suena bonito. Ya.

Pero el objeto de unos 10 cm estaba imponente, erguido, majestuoso, sobre uno de mis sofás.

Mi pierna ha sentido su esbelta figura demasiado tarde.

Pero no voy a quejarme.

Porque ha sido, sin duda, el tropiezo más romántico de mi vida.

Y ya sabemos que el amor duele.

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